Vamos a ver, creo que las respuestas más lógicas y viables las habéis dado ya. Pero por aportar que no quede, así que vamos a darle vueltas de tuerca para demostrar el poder del reforzamiento positivo.
Tenemos un estímulo incondicionado, que es la comida. Lógicamente, provoca una respuesta incondicionada de salivación y de orientación hacia el mismo.
En términos de condicionamiento clásico se puede recurrir a la habituación: Asegurarnos de que el perro no pueda llegar a la comida y exponerle a la situación durante el tiempo suficiente como para que se aburra y busque otra cosa que hacer. En términos mentalistas, le dejaría de interesar, diría "buah, que le den, no lo puedo coger".
Si hemos conseguido (en realidad sin hacer nada) que el perro sepa que hay comida pero no la esté prestando atención, ya podemos convertir esas respuestas en operantes.
Yo recurriría al reforzamiento diferencial: Primero, como ya he dicho, la comida en la mesa y el perro delante, asegurándonos siempre de que no la puede coger.
Cuando hayamos conseguido ésto, sacamos al perro de la cocina/habitación que sea, y le volvemos a meter, pero ésta vez no habrá comida en la mesa. Ahora es cuando le cebamos a premios y a felicitaciones.
Si somos muy sistemáticos y constantes, conseguiremos con el tiempo que no le interese la comida de la mesa.
Un estímulo incondicionado al que te has habituado, adquiere propiedades parecidas a cualquier estímulo neutro, como una luz o un sonido, por ejemplo.
Por eso, la comida de la mesa acabará convirtiéndose en una marca de ausencia de refuerzo, ya que cuando haya comida ahí, jamás comerá.
Sin embargo, en ausencia de comida en la mesa, se produce una diferencia en la tasa de refuerzo que el perro puede conseguir, más en concreto una diferencia de 0-100.
Conclusión, sin tecnicismos: Comida en la mesa - No comida ///// No comida en la mesa - Comida.
Qué paradoja, no?