Percepción Visual.
El órgano de la visión del perro se corresponde al de un mamífero especializado en la captura de presas en condiciones de escasa luminosidad; de hecho muchos científicos lo clasifican como un cazador crepuscular.
En general, siempre se ha comentado que la visión era el peor de los sentidos del perro; dicha afirmación parte de un error esencial, comparar directamente la visión humana con la canina.
Los primeros trabajos publicados al respecto hablaban efectivamente de que la visión de los perros era en blanco y negro.
Se ha podido demostrar que hay dos tipos diferentes de conos, aunque éstos se encuentran en un área muy reducida de la retina.
Los conos son los receptores que perciben el color.
Por lo tanto existe posibilidad potencial de percibir los colores.
Los dos tipos de conos mencionados, representan sensibilidades diferentes a espectros de luz.
Las estructuras de color azul o violeta, son percibidas como color azul.
Las estructuras de color verde, rojo, amarillo y verde amarillento, son percibidas como amarillo.
Las estructuras de color azul verdoso, ellos lo ven blanco.
Por lo tanto, a diferencia de las personas, que tenemos una visión tricromática y somos capaces de distinguir todas las longitudes de onda, lo que se traduce en millones de colores.
El perro tiene una visión dicromática con una parte del espectro neutra o incolora.
EL Oído.
Desde el punto de vista anatómico, el oído es el asiento del sentido de la audición, del equilibrio y de la estática.
Se divide en:
•Oído externo.
•Oído medio.
•Oído interno.
Percepción Auditiva.
Desde siempre ha sido un problema poder evaluar correctamente la audición de un perro. A mediados de los 80 se adapto un test, llamado BAER, para la valoración de los oídos.
La sensibilidad auditiva del perro es parecida a las de las personas cuando se trata de sonidos de baja frecuencia, pero en cambio es más sensible que las personas a los sonidos de alta frecuencia. Así por ejemplo, el perro muestra una sensibilidad máxima a sonidos de entre 4.000 y 8.000 Hz, mientras que el oído humano tiene una sensibilidad máxima a los sonidos de entre 1.000 y 4.000 Hz. Igualmente, el perro percibe sonidos de entre 40.000 a 60.000 Hz, mientras que la frecuencia más alta que percibe el oído humano es de 20.000 Hz.
Esta sensibilidad auditiva le permite escuchar hasta cuatro veces mejor a una cierta distancia, lo que significa que si nosotros podemos escuchar algo a 90 metros aprox., el perro podría escucharlo a 400 metros aprox. Disponen de más de 18 músculos (los seres humanos disponemos de 9 músculos y la mayoría sólo utilizamos uno o dos de ellos) diferentes que le permiten mover las orejas en todas las direcciones, lo que les ayuda a identificar todos los sonidos de su alrededor, su audición es selectiva lo que quiere decir que puede discriminar sonidos y centrarse sólo en aquellos que le interesan.
El Olfato.
El olfato es el sentido más desarrollado de los perros, tanto es así que más del cuarenta por ciento de su cerebro está dedicado exclusivamente al análisis de los olores.
Existe una íntima relación entre el olor y el comportamiento.
Los receptores olfatorios se encuentran situados en una región especializada de la mucosa nasal que recibe el nombre de mucosa olfativa.
La memoria olfativa convierte al perro en un excelente rastreador, pudiendo recordar objetos, personas, lugares u otros animales, no solo por su imagen, sino por su olor.
Se calcula que tienen entre 200 y 300 millones de receptores olfativos (dependiendo de la raza o morfología) mientras que el ser humano tiene 5 millones, con esto nos podemos hacer a la idea de la importancia del olfato canino, para ellos el sentido del olfato es lo que para nosotros el sentido de la vista. El olfato del perro le permite incluso detectar olores por debajo de los 12 metros de profundidad bajo tierra. A lo largo de los años los seres humanos hemos utilizado el olfato de los perros para nuestro beneficio y les hemos enseñado/adiestrado entre otras cosas para: detectar fugas de gas en tuberías, insectos incrustados en el suelo o madera, bacterias, moho, averías eléctricas subterráneas, detección de drogas, de explosivos, rastreo, búsqueda y salvamento, para la caza, detección de incendios provocados, detecciones médicas (epilepsia, cáncer...), etc.
Además del olor corporal formado por las diferentes secreciones del organismo, el perro utiliza un segundo canal de trasmisión olfatoria, basado en la emisión y captación de unas sustancias químicas denominadas Feromonas.
Las feromonas son componentes volátiles elaborados en distintos puntos del organismo que se encuentran presentes en los fluidos corporales de todos los mamíferos, tal vez incluso en el ser humano.
Las feromonas son captadas por una especie de segundo olfato especializado en dicha función denominado Órgano Vomeronasal o de Jacobson.
El Órgano Vomeronasal se dispone en la parte anterior del tabique nasal, encontrándose en conexión con el canal incisivo superior, pequeño conducto que pone en comunicación la cavidad nasal con la cavidad bucal.
Mediante un elaborado movimiento de la lengua y de los labios, el perro consigue que una parte del aire inspirado pase por el canal incisivo, permitiendo su entrada en el órgano vomeronasal.
Factores que influyen en la detección del olor:
•Fatiga
•Concentración del olor.
•Volatilidad del componente olorifico.
•Ambiente, temperatura, humedad y otros olores.
•Corrientes de aire.
•Anatomía de la nariz y fuerza de succión del aire.
•Moco nasal.
•Hidratación.
•Dieta.
•Enfermedades relacionadas (alergias, alteraciones del sistema neurológico central)
•Medicamentos.
Fuente: Miguel Ibañez Talegon