Hola Javi,
se que no soy Iván, pero igual también te vale lo que yo te pueda decir
Como bien dices, la habituación y la sensibilización son fenómenos de aprendizaje "contrarios" que se enmarcan en el paradigma del condicionamiento clásico. Podríamos decir, simbólicamente, que constituyen los 2 extremos de una misma línea.
Si tenemos un estímulo incondicionado, como la comida, las descargas eléctricas o los sonidos estridentes, entonces el organismo responde. Si acostumbramos a dicho organismo a la presencia del estímulo que le provoca esa respuesta, llegará un momento en el que deje de responder, es decir,
se habitúa.
Si por el contrario lo que hacemos es exponer al individuo a ese estímulo, pero no durante el tiempo suficiente (o a un nivel de intensidad demasiado alto) como para que se acostumbre, entonces lo que obtendremos será una
sensibilización, es decir, un aumento (en intensidad y frecuencia) de la respuesta que ya existía.
Dicho en otras palabras, si exponemos a nuestro perro al sonido de los petardos a un nivel de intensidad muy bajo o durante mucho tiempo, entonces se habituará y las respuestas se reducirán hasta llegar a 0, es decir, si en un principio ladraba, temblaba o metía el rabo entre las piernas al escuchar un petardo, consideraremos que se ha habituado en el momento en el que deje de ladrar, temblar o meter el rabo entre las piernas.
Sin embargo, si el sonido de los petardos es demasiado fuerte y lo que hacemos es exponerle a ellos unas pocas veces al año (por ejemplo en las fiestas), las respuestas se incrementarán, es decir, cada vez ladrará más fuerte y durante más tiempo, temblará más, y meterá el rabo entre las piernas con más fuerza.
También podemos poner un ejemplo con la comida. Si exponemos a nuestro perro a su plato favorito pero no le dejamos cogerlo, lo estaremos sensibilizando. Cada vez tendrá más ganas de comérsela y ésto se manifestará en un aumento del nivel de salivación que el perro muestra ante dicho plato. Sin embargo, si dejamos en nuestra cocina un recipiente que contenga en su interior el mismo plato, nos aseguramos que está a la vista del perro y lo dejamos ahí durante meses o años, al final el perro se habituará y dejará de salivar ante su presencia.
Ahora te propongo que me digas tú un ejemplo para ver si te ha quedado claro el concepto, en caso negativo, te lo explico otra vez (y mejor), y te pongo nuevos ejemplos.
Un saludo,
Edu.